Fluye, como el río de agua helada acariciando cada piedra, y me encuentro rodeado en mi propia incongruencia. Estoy siendo consecuente, insistente, bebo de un vaso ajeno, ya no me preocupa tanto.
Aliento que se me escapa, a dónde irá. Si pretendo reservarme fuerzas… ya es demasiado tarde.
Arriba me quedan los sueños, abajo la cabeza, no hay forma de enderezar tanto esbozo de incertidumbre.
Aun me escuece la garganta, no dejo de reprimir cada grito, no quiero asustar al gato, duerme plácido, y además… hoy es Domingo.
Realidad ya no me esperes, me quedo en esta mecedora de ideas, de proyectos deseados que van y vienen, y yo enterrando cada sentido que abraza mi estúpida creencia de poder, sin pretenderlo.
He de, y debe ser, porque no existe otra manera que no sea intentarlo. He, aquí, mi inteligencia, mis cualidades, mi perspicacia, mi reto, este u otro.
De nada vale, pero todo sirve, si se apunta en todo momento, y no me distraen los otros sentidos que contaminan.
Tranquilo, no hay nada más, estamos aquí, no hay nada, no hay nada más, estamos, estoy, es aquí, es ahora.