Querido En Balde, allá donde estés, quiero que sepas algunas cosas de mí, ahora que siento que puedo.

Han sido muchas historias juntos, muchas idas y venidas con la misma arena en los bolsillos, con nada nuevo, nada aparentemente nuevo. He sentido tu presencia a mi lado en aquellos viajes donde me encontraba la persiana cerrada, cuando echaba la mano al bolsillo y no estaba, cuando llegaba y era demasiado tarde, cuando debía volver a estudiar ese examen. Algunas otras veces, has sido más retorcido, te he creído convencido a mi lado, lo sé, me siento culpable ahora que te he descubierto sin argumentos, pero más dolorosa ha sido mi experiencia cuando te echaba la culpa, con ganas, con sorna.

Ya no hay vuelta atrás, tampoco hay vuelta hacia delante, no hay vuelta, no hay forma de repetir nada, no vas a convencerme ni una sola vez más que alguna de mis experiencias no ha servido para nada. No me hago responsable de que hayas querido adquirir el protagonismo que no te he dado. Me desentiendo de ti si por alguna razón las cosas no salen como había planeado.

Ahora estoy aquí, y no sirve de nada ser orgulloso, ni frustrarme en una esquina y seguir alimentándote y alimentando la cruz que cae sobre lo irremediable. Antes de repetirme una vez más los queridos errores y las maravillosas circunstancias haré de ti una canción por el camino, así me dejarás de existir y dejaré que diluyas tu existencia con añoranza.

Me crezco en mis experiencias contra ti, para demostrarte que puedo contigo, para demostrarme que en cada ocasión hay algo nuevo, algo distinto que me despierta la alegría que me quitas. Antes de esperar a que aparezcas ya he llenado yo el vacío y siento la plenitud de vivir este momento como mi único y poderoso momento.