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Categoría: Cartas

Las cosas que le diría a aquellas cosas que no les puedo decir nada

Carta a en balde

Querido En Balde, allá donde estés, quiero que sepas algunas cosas de mí, ahora que siento que puedo.

Han sido muchas historias juntos, muchas idas y venidas con la misma arena en los bolsillos, con nada nuevo, nada aparentemente nuevo. He sentido tu presencia a mi lado en aquellos viajes donde me encontraba la persiana cerrada, cuando echaba la mano al bolsillo y no estaba, cuando llegaba y era demasiado tarde, cuando debía volver a estudiar ese examen. Algunas otras veces, has sido más retorcido, te he creído convencido a mi lado, lo sé, me siento culpable ahora que te he descubierto sin argumentos, pero más dolorosa ha sido mi experiencia cuando te echaba la culpa, con ganas, con sorna.

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Carta al madrugar

Con pies de plomo visten los ojos que no quieren volverte a ver y se resisten las promesas de cinco minutos más sobre la mesa y vuelca entre las trampas del deseo un pensamiento remordido que obliga al sueño a no ser sueño.

Veinte pasos me separan, y no hay temperatura más adecuada que la despegada de mi cuerpo arrancada por tu llamada. No entro en razón, y no puedo olvidarte más de un instante hasta que vuelva en sí la desazón al calor, al reloj con pausa, al vivir con calma, con el alma que clama la cama y se extingue en la llama que incita a no despertarla.

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Carta al silencio

Aquí estoy, rodeado en tus brazos, soñando despierto, volando en tus pasos. Siempre me has acompañado, en mis días fríos, en mis largas noches de pensamientos alborotados.

Cuando cierro los ojos te encuentro. Tú siempre me andas buscando, pero soy yo quien te encuentra y te cuenta mis idas y venidas del pensamiento. Y recorro el camino de vuelta a la sonrisa que se dibuja en mi cara cuando siento tu presencia en mi conciencia y dejo que la llama se agite hasta que no aguantas más y te apagas.

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Carta a la desidia

Hoy, en un intento frustrado de prenderte fuego, me he envuelto en llamas las manos. Se me han carbonizado los dedos, en este intento de callarte y evitar tu voz aguda e irritante en mis oídos vagos de querer quererte.

Hoy, me duelen las ganas y me revuelve tenerte, te adhieres a mí como una lapa que lucha por retenerse y no parece que te esfuerces demasiado para tal grado de impertinencia que produces en mi trabajo.

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