{"id":17,"date":"2020-03-27T12:47:57","date_gmt":"2020-03-27T12:47:57","guid":{"rendered":"https:\/\/www.danielguillamon.com\/solotexto\/?p=17"},"modified":"2021-11-25T21:20:54","modified_gmt":"2021-11-25T21:20:54","slug":"pez-globo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.danielguillamon.com\/solotexto\/relatos\/pez-globo\/","title":{"rendered":"Pez globo"},"content":{"rendered":"\n<p>Cuando entr\u00e9, el cuadro del recibidor a\u00fan estaba torcido, y eso solo pod\u00eda significar una cosa. Ese cuadro, el primer cuadro que trajimos a nuestra casa, ten\u00eda un valor incalculable para m\u00ed, para nosotros. Ni siquiera era un cuadro por el que pudieran darme nada en un rastrillo de segunda mano. No era original, ni hab\u00eda sido pintado por alguien famoso, ni tan siquiera pude encontrar a ese tal K.M. que firmaba en la esquina inferior, y fueron muchas las veces que intent\u00e9 buscarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Era un pez globo, hinchado, en el centro de un oc\u00e9ano repleto de virutas de pl\u00e1stico y otros desperdicios. Azul, un azul que lo inundaba todo, no era m\u00e1s grande que la anchura de la puerta, pero cada vez que lo miraba me parec\u00eda inmenso. Este pez ten\u00eda unos labios muy graciosos, como si intentara aguantar la respiraci\u00f3n estando hinchado, poni\u00e9ndose m\u00e1s y m\u00e1s morado en el fondo del mar.<\/p>\n\n\n\n<p>Esas primeras veces que lo mir\u00e1bamos le imit\u00e1bamos. Esas primeras veces, como si se tratara de un impulsor de instantes divertidos e idiotas entre dos idiotas que hac\u00edan y deshac\u00edan por quererse y divertirse sin complejos. Me encantaba ese cuadro, era mi cuadro favorito, nuestro cuadro.<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p>Un d\u00eda, tuvimos una pelea absurda por algo relacionado con una mancha de lej\u00eda en una de mis blusas. No era mi blusa favorita, pero en ese momento me arm\u00e9 de razones para hacerle creer que lo era. Aun encuentro razones para enfadarme y no para entenderle, y eso me asusta.<\/p>\n\n\n\n<p>Admito que no fue para tanto, pero cuando los gritos retumbaron en las paredes de la habitaci\u00f3n, solo sent\u00eda querer huir de aquel momento y de aquel lugar, as\u00ed que sal\u00ed de casa dando el portazo m\u00e1s llamativo que pude dar para seguir manteniendo el tono de la situaci\u00f3n en la que nos hab\u00edamos metido los dos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese portazo, y ese temblor, esa rabia, y ese enfado, hicieron que nuestro pez globo se torciera hacia un lado. As\u00ed se qued\u00f3, al d\u00eda siguiente, y al otro. Hasta que uno de los dos no pudo aguantar m\u00e1s y cedi\u00f3, colocando el cuadro recto y en su sitio. Ese fue el final de nuestro enfado. Y desde entonces, cada vez que nos enfadamos, dejamos torcido el cuadro. Y as\u00ed puede estar, torcido, como nuestro estado de \u00e1nimo, en desequilibrio, con ganas de querer volver a estar en armon\u00eda, pero con demasiado orgullo para dar el paso.<\/p>\n\n\n\n<p>De eso hace ya doce a\u00f1os, as\u00ed que, esta vez, cuando entr\u00e9 por la puerta y vi de nuevo el cuadro torcido, suspir\u00e9. Pens\u00e9 un instante en los d\u00edas que llevaba torcido el pez, y no recordaba cu\u00e1ntos.<\/p>\n\n\n\n<p>Descolgu\u00e9 el cuadro y abr\u00ed la puerta de casa, lo mantuve bajo el brazo mientras bajaba las escaleras, desde el quinto piso, nuestro piso, formando un esc\u00e1ndalo con mis zapatos. En el tercer piso, de forma impulsiva, me los quit\u00e9 y los dej\u00e9 all\u00ed tirados. En el segundo piso brotaron las primeras l\u00e1grimas, y en el primer piso evit\u00e9 saludar a la amable se\u00f1ora Eugenia cuyas llaves resbalaron de sus manos al verme de esa forma tan inusual. No ten\u00eda tiempo de saludarla, ni de ayudarla, ni de comentarle aquello de ir fisgoneando los buzones del resto de vecinos.<\/p>\n\n\n\n<p>Llegu\u00e9 hasta el portal, abr\u00ed la puerta, la pesada puerta de hierro que me golpe\u00f3 el dedo me\u00f1ique del pie y que me hizo estallar por completo.<\/p>\n\n\n\n<p>En la calle, desorientada por las emociones que me atormentaban, sumida en la angustia y la desesperaci\u00f3n de una situaci\u00f3n tan dif\u00edcil de sostener. Pensando en la lucha continua y diaria de una personalidad contra otra, rasgando cada vez m\u00e1s en la piel y magullando continuamente la idea de un futuro prometedor desde un pasado a\u00f1orado. En esa calle, donde empez\u00f3 todo, donde empec\u00e9 a creer un d\u00eda y al otro comenc\u00e9 a maldecir, en ese lugar, sin mirar a nadie, comenc\u00e9 a correr.<\/p>\n\n\n\n<p>Y corr\u00eda, como si llevara un dorsal en la espalda y unas zapatillas deportivas. La realidad es que aun llevaba el jersey rojo, el que pica. Los calcetines de colores que hab\u00edan destapado los zapatos, aquellos que quedaron en alg\u00fan escal\u00f3n del edificio, y el cuadro bajo el brazo, mi cuadro querido que hab\u00eda dejado una sombra de su mismo tama\u00f1o en la pared del recibidor.<\/p>\n\n\n\n<p>Corr\u00ed hasta la fuente de la plaza, rodeada de palomas que, asustadas, revoloteaban m\u00e1s all\u00e1 de mis pensamientos. Insulsa sensaci\u00f3n de agotamiento repentino. Recobrando el aliento y el dolor en los pies que me sub\u00eda al alma, mir\u00e9 fijamente el agua cristalina saliendo de la fuente y mezcl\u00e1ndose con el agua no tan cristalina del estanque, a\u00fan m\u00e1s asquerosa que el agua que rodeaba a mi pez globo.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin pensarlo dos veces lo lanc\u00e9, y all\u00ed fue a parar, a su hogar, a sus aguas putrefactas, a su entorno descuidado al que ya deb\u00eda estar acostumbrado. Me qued\u00e9 mirando c\u00f3mo mi pez globo aguantaba la respiraci\u00f3n con sus simp\u00e1ticos labios apretados mientras se hund\u00eda en el agua sucia y desaparec\u00eda ante mis ojos envueltos en l\u00e1grimas.<\/p>\n\n\n\n<p>Relajada y aliviada, dejando ir todos mis problemas al fondo de un mar contaminado. Camin\u00e9 de vuelta a casa, sintiendo felizmente el desprenderme, con la fuerza necesaria para avanzar, preparada para todo y sin zapatos que llevar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuando entr\u00e9, el cuadro del recibidor a\u00fan estaba torcido, y eso solo pod\u00eda significar una cosa. Ese cuadro, el primer cuadro que trajimos a nuestra casa, ten\u00eda un valor incalculable para m\u00ed, para nosotros. Ni siquiera era un cuadro por el que pudieran darme nada en un rastrillo de segunda mano. 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